Coqueteo en la distancia y te hago imaginar miradas que te desabrochan del suelo. Coqueteo contigo y te gusta más que cuando lo hace tu dueña. Nos cortejamos y yo me hundo en tus fantasías. Me ahogo entre los kilómetros que nos separan.
Tú te callas y no me cuentas la verdad, yo la ignoro, creyéndome que las imágenes de mi cabeza son más reales que las que dibujas mientras te hablo. Creyéndome que entre las fotos asoman los sentimientos que yo te impongo.
Y desapareces, y ya no me cuentas nada. Paseas por mis calles, atado con su correa; yo te observo desde los áticos, concibiéndote un presente apoyado en mi ventana. Espero, café en mano, a que llames a mi puerta.
Este invierno, no me deja ser yo, Dama de Otoño, que cubría tus madrugadas de cantos y cuentos; te hice un colchón de hojas secas y lluvias rebotando en el cristal, para que apoyaras soledades y, así, poder seducirte con lo único mío, con mis palabras.
Ya no salimos a emborracharnos con las estrellas, pero yo sigo coqueteando con tus letras; escribiéndote cartas infinitas.
Te escondes bajo la nieve del invierno, bajo el manto de las hojas en blanco. No te busco, porque te siento contemplándome a través del tragaluz de mi refugio. Acercándote y alejándome, repartiendo brisas que saben a suspiros de Dama de Otoño.
Extraído de Lady Jester's posterous.

Qué bonito que ya vuelvas. Vuelve.
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