No conseguía dormir, invocaba a Morfeo, al hombre de arena; le rezaba cada noche a San Valium, y nada conseguía.
Los días que podía dormir se despertaba intranquilo, tenía sueños bizarros, kafkianos, pero lo más extraño de todo es que no conseguía recordar nada, ni imágenes, ni palabras… sólo esa sensación desagradable que le acompañaba a todas horas.
No eran pesadillas, no había sobresaltos; de eso estaba seguro. No le perseguían, no corría por pasillos interminables, no sentía miedo. El tener plena conciencia de lo que no pasaba en sus sueños le parecía escalofriante al no poder rememorarlos.
Cuanto menos dormía, menos comía y más demacrado se le veía. Su metro con ochenta y tres de estatura despuntaba al ir perdiendo peso: los huesos marcados, la piel pálida. Perdía fuerzas y perdía la sonrisa. Nunca había sido un cascabel que anunciara la llegada de la alegría, pero era una compañía bastante agradable. Fue bastante agradable, hasta que su carácter se empezó a agriar por la falta de sueño.
Nunca estuvo acostumbrado a compartir sentimientos o estados de ánimo, tampoco había sentido la necesidad de hacerlo; reservado era un calificativo que podría describirlo muy bien. A nadie le sorprendió que cada vez estuviera más encerrado en sí mismo, y a él mucho menos: “a quien le iba a interesar escuchar divagaciones tan inconcretas sobre algo que ni él mismo podría definir” –pensaba.
Hubo momentos en los que se planteó buscar un psicólogo, psicoanalista, psiquiatra o psucedáneo, pero tampoco había sido nunca devoto de la medicina moderna ni de terapeutas. ¿La medicina natural?, ¿las terapias alternativas? Pura charlatanería. Es verdad que claudicó ante la magia de la química para provocarse el sueño, cuándo ya estuvo desesperado; y cómo comentábamos en un principio tampoco parecía causar efecto.
Su carácter, su estado de salud y su círculo social se vieron totalmente desmoronados. Dejó el trabajo sin carta de renuncia o explicaciones; ni contestaba llamadas ni las devolvía. No compraba, no limpiaba. Parecía que su única meta en la vida era palidecer y adelgazar.
¿Familia? Sólo le quedaban un par de primas con las que tenía trato de postal navideña y llamada en cumpleaños. Sus amigos nunca habían pasado de ser compañeros de trabajo o colegas del barrio. Nadie le echaba en falta lo suficiente como para preocuparse; si acaso pensaban en él, los administradores de su empresa a los que les faltaba su firma en algunos papeles.
Había pasado de ser una persona tranquila y moderadamente feliz, a un ser huraño, fotofóbico, al que no le interesaba lo más mínimo ni su propio reflejo. Definía la vida como una anodina sucesión de tiempos medidos en días, horas, años… como prefirieras acotar el transcurso de tu existencia, también carecía de importancia para él. Conciencia, consciencia, subconsciente, realidad y fantasía se fundieron en una tangible verdad: la penumbra de su encierro.
Dejó de rezar a San Valium para empezar a implorar a La Parca, a rogarla que le alejara de ese calvario. En plena penitencia oyó algo parecido a un estruendo lejano, voces remotas que le llamaban por su nombre. Volvió a sonreír, después de tantas súplicas, veía la luz por la que se tendría que encaminar para cruzar al otro lado. Habían venido para llevarse su alma, despojarle de su cuerpo mortal.
Tuvieron que sujetarle entre varios policías y auxiliares para colocarle la camisa de fuerza; no se explicaban cómo un hombre tan raquítico oponía tanta resistencia a ser trasladado al manicomio. Por el camino, a pesar de todos los tranquilizantes que le inyectaron, no dejó de gritar: “Intentad recordar al despertar”.
miércoles, 28 de julio de 2010
Insomne
Etiquetas:
Desesperación,
Desidia,
Drogas,
Egoistalatracentrica original,
Fijación escrita,
Insomnio,
Locura,
Noche,
Raíces,
Relatos,
Soledad,
Sueños
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Dama duermevela que suele espantar a Morfeo, y a quien le presente a insomnio. Un detalle que nunca te había comentado es la precisa elección de las imágenes con las que acompañas tus escritos.
ResponderEliminar"Insomne" se convierte en un peldaño más del ascenso que está tomando como ruta normal tu blog. Ritmos que bailan en buenas historias con finales de aplauso. Un aplauso como el mío cada vez que te leo. Queremos más.
Tus historias me atrapan, leo con premura ansiando llegar al final para sorprenderme. Bien hecho, Ester.
ResponderEliminar