viernes, 23 de julio de 2010

Magia

Siempre fue una estudiante prodigiosa, destacaba en cualquier asignatura y en las actividades extraescolares: Solfeo, Ballet, Pintura; también tomaba clases de matemáticas avanzadas. Todas las esperanzas de su familia estaban puestas en ella, sus orgullosos padres la mostraban en cualquier reunión, ataviada de lacitos como el regalo divino que había supuesto.

La llevaban todos los domingos a la iglesia para que pudiera dar gracias a aquel señor clavado en un crucifijo por haberla dotado de tan magníficos atributos. Ella se sentaba en el banquito junto a sus padres y hermanos, y miraba la figura tallada en madera con compasión; entendía mejor que nadie lo que era sentirse observada fijamente por todos los presentes. Le sucedía en clase, en casa, y sobre todo en las reuniones que sus padres organizaban.

Siempre le tocaba representar alguna pieza maestra al piano, o bailar, o cantar. Deleitar a los concurrentes con sus dulces dotes. Después venía la ronda de cálculo mental: su madre, sentada frente a ella, sujetando la calculadora; y todos los presentes lanzando al aire las más complicadas multiplicaciones, que ella resolvía sin inmutarse, antes de que su madre terminara de teclear todos los números en la exacta máquina.

No comprendía cómo no se aburrían del show, para ella la única diversión de aquellas demostraciones era imaginárselos con cuerpos de animales o con las caras deformadas, como si fueran reflejos de los espejos del laberinto de aquella feria ambulante, en la que estuvieron hace unos años… aquella feria ambulante… ese día sí que fue feliz. Entre globos de colores, algodón de azúcar, gofres de chocolate, payasos, equilibristas, domadores… ¡MAGOS!

¡Oh, la magia! Ese día supo que de mayor sería MAGO, con su chistera, su conejo, palomas… y viendo todos los días la felicidad reflejada en caras desconocidas.

Recuerda como se rieron sus padres de aquella chiquillada: “De mayor quiero ser mago, y viajar de pueblo en pueblo haciendo felices a todos los niños del mundo”. “Tú vales para mucho más que eso”, replicaron sus padres. “Algún día serás doctora en físicas como mínimo, no querrás que te traten nunca como un monito de feria, ¿verdad?”

¿Cómo creían que se sentía Claudia cada vez que exponían su inteligencia ante el reto del cálculo mental, frente a todos los petimetres de sus amigos?

6 comentarios:

  1. Un relato con muchas lecturas sacadas de la chistera. Me convertí en un saltimbanqui entre tus letras antes y mucho más ahora con esta entrada publicada, considerada por este humilde escribidor como la mejor de tu blog...por el momento, claro. Entre tus rimas y prosas, te sigo acompañando, mi CuentaCuentos.

    ResponderEliminar
  2. La expectativa es la madre de todas las frustraciones dijo Antonia Banderas alguna vez. Excelente relato.

    ResponderEliminar
  3. sorry quisé decir Antonio :S

    ResponderEliminar
  4. No entiendo mucho de literatura...Pero se que es bueno cuando un texto o relato me obliga a llegar hasta el final...Felicidades... buena entrada...

    ResponderEliminar
  5. Gracias por vuestros comentarios. Saberme leída con buenos ojos hace que me vibren las emociones... seáis más o menos litararios, fans de la hermana de Antonio Banderas o escribidores!!

    ResponderEliminar
  6. Estupenda lección finamente llevada con tu sello muy particular de realidad- fantasía, que es lo que me atrapa como lectora. Gracias Ester por la belleza de tus relatos
    Tete

    ResponderEliminar