jueves, 22 de julio de 2010

Simplemente ellos


Dormían en el coche, en la playa, en hostales con cucarachas si tenían algo de suerte;  incluso había días que se despertaban en casa de gente amable, personas sin miedo que les acogían con los brazos abiertos y desayunos abundantes.

En cuanto Paula cumplió los 18 años se compró el billete de avión a Tenerife. Escapaba de su familia que quería obligarla a ser médico, arquitecta… provecho para esta sociedad a la que se sentía maniatada, de la que había renegado desde bien pequeña. Escapaba para romper esas cadenas que oprimían sus ganas de volar. En el aeropuerto la esperaba Carlos; Paula lo llamaba Atacayte, Ata, como el protagonista de la novela que se leyó con trece años, un guerrero guanche, tan moreno, tan indígena como el joven apuesto que conoció en su viaje de fin de curso.

Estaban enamorados, habían pasado año y medio escribiéndose cartas, deseando que llegara el momento en que ella pudiera viajar sola, sin permiso de su familia.

Ata era mecánico-literario, tal y como ella lo veía, había crecido en el taller de su padre, revolviendo cada herramienta. Los motores no tenían secretos para él. Había absorbido todas y cada una de las palabras que poblaban la biblioteca de su madre; Paula sentía tanta fascinación por su mente como por la destreza de sus manos.

Aunque parecía que el mundo estaba en contra de ambos, sus ganas de estar juntos les hacían luchar desde su propio tanque: el rojo Renault 21 de Ata.

Paula tocaba la guitarra y cantaba, también hacía malabares; él podía pasar horas embelesado escuchándola, observándola. Se dormía tan a gusto en sus brazos, al son de sus canciones de cuna. Gracias a su talentosa compañera tenían dinero para comer, la gasolina y el hachís; alguna vez también pillaron setas o tripis con los que pasarse la noche riendo en plena naturaleza. Tenerife entera era un regalo: el clima, la gente, la comida. Paula entendía muy bien por qué su galán tenía tan profundas sus raíces en esa tierra, como si fuera el mismísimo Drago Milenario. Al Teide habían subido varias veces y curiosamente lo que más llamaba la atención de ella era poder jugar en la nieve sin abrigo, en camiseta de tirantes.

Ata la sentía cada vez más morena, más indígena… más guanche.

Juntos demostraban al mundo cómo se podía vivir sin contratos, sin bancos, sin capitalismo. Soñaban con la sociedad del trueque. Ellos siempre que se llevaban algo, algo dejaban a cambio. Utilizaban el agua fría de las duchas de las playas para lavarse o se colaban en campings, en piscinas públicas. Vista desde fuera su vida parecía un juego de niños. Pero sencillamente como necesitaban tan poco, pocas veces se sentían desgraciados, por eso parecía tan fácil.

A veces se imaginaban que eran guerreros guanches que defendían aquellas tierras vírgenes de los conquistadores españoles y entonces, sí que eran niños jugando en las arenas negras de las playas del norte.

Ata solía observar de reojo a Paula cuando ésta se quedaba mirando al mar con los ojos perdidos en el horizonte, no pronunciaba palabra, no cantaba, sólo respiraba. Él solía esperar recobrar toda su atención, después de dejarla divagar en sus propios pensamientos, que un día quiso compartir con él:

- Podríamos ir a recorrer Europa, Asia… El Mundo tal y como recorremos tu isla

- Yo ya sé que este es el mejor sitio en La Tierra, no necesito experimentar otras culturas para aprender una lección que me sé de memoria -Contestó Ata, soberbio.

- Yo necesito El Mundo más de lo que te necesito a ti


3 comentarios:

  1. ¿Qué más decir cuando se te acompaña en el escribir? Amor de letras y cantos entre protagonistas que crean su mundo para querer hacerlo sentir de ellos. "Simplemente ellos" es como una misma isla dentro de tanto escrito, para bien. Felixitaciones.

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  2. Hermoso relato, a él le gano la soberbia y ella sus ganas de mundo, siempre surgen diferencias en toda relación por hermosa que sea

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  3. Ni siquiera el Puertito de Güimar, ni la Orotava ni los Gigantes,pueden retener eternamente a nadie a su lado...Muy precioso y gran final...Felicidades

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